Había una vez una rosa llamada Rosalía. Vivía en el desierto. Era muy bella, roja como la sangre y blanca como la nieve. Estaba sola y se sentía triste porque no tenía amigos ni padres.
Un día a un arqueólogo que investigaba desiertos, le mandaron ir a investigar el desierto de Rosalía. Se llamaba Carlos, era alto y guapo. Tenía ojos azules y pelo negro, e llevaba un turbante por la cabeza y un traje corto.
Cuando ya estaba en el desierto, bajó de su helicóptero y fue a investigar. De repente a lo lejos Carlos vio a Rosalía y Rosalía grito:
– ¡Quien eres!.
Y Carlos contesto:
– ¡Soy un arqueólogo!.
Se aceró Carlos, vio Rosalía y dijo Rosalía:
– Ven y ayúdame, llévame a tu casa por favor .
Y Carlos contesto:
– Vale.
Carlos intentó sacarle pero no podía. Una vez estiró muy fuerte y sin querer le rompió un pétalo , se empezó a deshidratar y entonces Carlos la sacó y corrió con Rosalía hacia el helicóptero. Ya allá puso en marcha el motor y no funcionaba. No tenia gasolina.
Carlos cogió una venda y curó a Rosalía . También cogió un bote de gasolina pequeño y lo echó al depósito. Después se marcharon a casa y vivieron felices.