LOS VALIENTES PECES

Hace mucho tiempo, en el inmenso océano, un pequeño pececillo azul llamado Martín encontró al Pez de los Chichones tumbado en el suelo sin moverse.

El pequeño se acercó para ver si se encontraba bien. Martín le hablaba pero el Pez de los Chichones no respondía, entonces fue a buscar ayuda. En ese momento pasaba por allí el Pez Espada y el pequeño animalito le contó lo que estaba sucediendo para que le ayudase. Los dos fueron a visitarlo. Afortunadamente el Pez Espada pudo reanimarlo y el herido les contó que le dolía mucho el estómago y que no se podía levantar.

En menos de unos segundos todos los peces de esa zona formaron un circulo dejando al pequeño pez azul, al Pez Espada y al Pez de los Chichones en el centro. Todos los demás peces que formaban el círculo empezaron a hablar pero el Pez Espada les mandó callar enseguida.

Martín comentó que se podía curar con las algas rojas; pero el problema era que esas algas sólo crecían al otro lado de la cueva de los monstruos marinos. Nada más terminar de hablar apareció el Pez Arcoiris, el pez más valiente de todos. El recién llegado dijo que se ofrecía voluntario para ir a por las algas y Martín se ofreció también. Los dos empezaron a nadar.

Después de unas horas llegaron a la cueva pero ninguno se atrevía a entrar, entonces recordaron la cara de dolor que tenía el Pez de los Chichones y decidieron entrar. Una vez dentro el Pez Arcoiris sugirió nadar muy deprisa para pasar esa parte de la cueva lo antes posible. Martín estaba totalmente de acuerdo así que nadaron lo más rápido que sus pequeñas aletas les permitían. Pasados unos minutos vieron las algas rojas y se abalanzaron sobre ellas como balas. Cada uno cogió un puñado y se dieron la vuelta para marcharse. La idea de pasar otra vez por la cueva les aterraba pero no había otra salida. Al entrar el Pez Globo de cinco ojos, uno de los monstruos de la cueva salió para atacarles pero los animalillos se dieron cuenta enseguida y empezaron a nadar muy deprisa. Por fin lograron salir de ese sitio. Los dos se sentían muy bien al salir con vida, también se sentían bien porque iban a ayudar a su amigo,  el Pez de los Chichones.

Esa misma tarde Martín y el Pez Arcoiris llegaron a donde estaba el Pez de los Chichones y le entregaron las algas rojas. El pez  las masticó y después de unos segundos se levantó y les dijo que se sentía muchísimo mejor. Les agradeció lo que habían hecho por él y les dijo que si alguna vez querían o necesitaban algo que no dudasen en pedírselo. Todos felices y contentos se marcharon a sus casas después de ese día tan largo. Ninguno de los peces olvidará nunca este día tan emocionante.

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