LA PRINCESA Y EL DRAGÓN

ELENA BAJA A JUGAR

Había una vez una princesa que vivía cerca del bosque y se llamaba Elena. Un día la princesa se fue a traer comida de Tafalla con su padre y al día siguiente Elena le dijo a su mamá:

  • Mamá, mamá, ¿puedo salir fuera a jugar?

  • Sí, puedes salir a jugar pero no te vayas al frontón ni a ningún sitio.

Elena salió a jugar pero cuando bajó y bajó y bajó se encontró con un dragón muy grande que le daba un poquito de miedo. Le dijo el dragón:

  • Elena, ¿estás perdida?

  • Sí estoy perdida, no sé donde está mi casa.

  • Pues vale, te llevaré a tu casa.

La llevó en su lomo volando y cuando llegaron a casa le dijo:

  • Gracias, gracias dragón.

Y comieron perdices y a mi no me dieron porque no quisieron.

EL GATO Y EL LEÓN

Érase una vez un gato que iba paseando por las furrustras y un día pensó: “Me voy a meter entre los árboles para ver lo que hay”

Un día un león paseaba entre los árboles y se encontró con un gato. Le dijo el gato:
– ¿Vamos a mi jardín?
– Sí, estupendo.

Se fueron, pasaron días y pensó: “Ya me aburro de estar con este gato porque no me deja ni echarme la siesta, ya estoy harto”

Un día cuando estaba mirando al sol el gato se lo comió.

La madre del gato fue a buscar a su hijo y no lo encontraba por ningún lado. Entonces la mamá le llamó a la policía para que buscara a su hijo. No lo encontraban por ningún sitio y la policía les llamó a los cazadores. Fueron los cazadores y la policía miró con sus prismáticos y le vio al león y les dijo a los cazadores y a la madre del gato:
– ¡Ahí, ahí está el león!

Fueron corriendo y los cazadores le pegaron un tiro al león en la tripa, se le abrió la tripa y vieron al gato vivo. Luego lo sacaron. Los cazadores y la policía le echaron piedras a la tripa del león, le cosieron la tripa.

Se levantó el león y ese mismo día estaba mirando al río, le pesaban las piedras y los cazadores, la policía y la madre del gato y el gato le empujaron al león, se cayó al río y se murió.

Los cazadores, la policía y los dos gatos vivieron felices y comieron perdices.

LOS CINCO AVENTUREROS

Había una vez cinco niños que hacían inventos como la torre Eiffel en una maqueta de hierro y otras cosas más. Un día decidieron construir un submarino para investigar los ríos de la zona. Su submarino era de metal y pintado con calaveras, parecido a las gorras de los piratas.

Cuando terminaron el submarino se compraron trajes de submarinismo y se fueron a las aguas de aquellos ríos.

Ya navegaban por allá y de repente se encontraron con un monstruo que dormía más pancho que mi tía abuela Eugenia. Todos,  mis amigos y yo, empezamos a lanzarle palos hasta que se despertó.

Entonces empezó a atacarnos y nosotros nos asustamos y echamos a correr con el submarino. Al acabarse la gasolina de nuestro submarino llamado Turbofurgo, el monstruo se volvió loco y se puso a golpear contra nosotros su gran cocorota.

A mí se me ocurrió una cosa. Recordé que le habíamos puesto un depósito turbo y le cliqué al botón para poner en marcha el sumergible.

En ese momento el submarino salió pitando acabando en el corral de mi tía abuela Eugenia haciendo que se despertara. Todos volvimos a casa sanos pero con el culo rojo de las tortas que nos pegó la tía abuela.

ROQUI DESCUBRE LA ATLÁNTIDA

Pacho era un investigador profesional español que se dedicaba a encontrar sitios que la gente no sabía que existían. Un día uno de sus admiradores le dijo:

– ¿Usted es Pacho, el que descubre sitios raros?

– Así es, el mismo.

– ¿Me firma un autógrafo?

– ¿Cómo no? Por cierto, ¿cómo se llama?

– Yo me llamo Roqui, Roqui Álvarez.

– Lo siento, me tengo que ir a explorar para encontrar un lugar al que le llaman la Atlántida. Me ha gustado mucho este rato tan bonito que he estado contigo.

– ¡Espere! No se vaya. Tengo una oferta para usted, usted me lleva a sus viajes y yo a cambio le patrocino.

-Hecho –respondió Pacho. Ven conmigo que te voy a enseñar nuestro edificio.

– ¡Vale! Por fin voy a ver uno de los edificios que más me gusta del mundo.

Pacho fue con Roqui al edificio y el investigador se lo enseñó todo. Al día siguiente se dirigieron a la Atlántida y mientras volaban en el avión, Roqui le empujó y Pacho cayó al vacío. A partir de ese día Roqui fue el más rico de España y el más traidor del Mundo.

ESQUIADORES PROFESIONALES

El nueve del cuatro del 2015 una familia de Ujué, un pueblecito que está entre el Sistema Ibérico y los Pirineos, fue a esquiar a Candanchú, una de las montañas del Pirineo. La familia se componía de cuatro personas, dos niños y sus padres. Los niños se llamaban Iñigo y Marcos y los padres eran Ismael y Begoña. Cuando ya empezaron a esquiar, Iñigo no sabía cómo frenar en cuña y se metió un trompazo contra la nieve. Cuando supo frenar intentó aprender a girar haciendo eses y se volvió a caer. Una vez hubo aprendido a hacer eses, aprendió a hacer derrapes en seco y lo consiguió. Cuando aprendió todo se fue a la cuesta más grande que hay a la que le llaman “La Zapatilla”. Iñigo consiguió bajarla. Cuando bajó su padre le dio un abrazo y celebraron una fiesta. Al irse, Iñigo se quedó con las ganas de volver a esquiar, pero no fue posible hasta el año siguiente. Tanto le gustó la experiencia que se hizo monitor de esquí.

EL TIBURÓN BALLENA

Hace diez años fui a nadar a los mares de Madagascar donde me encontré con un tiburón ballena gigante. Parecía un dinosaurio como esos que todos recordamos, vamos los tiranosaurios rex y todos esos. Lo más extraño fue que su piel era a lunares y vi que necesitaba ayuda porque apenas habría cumplido 1 año y no tenía madre, o eso parecía. Me eché a nadar hacia la orilla para ver si encontraba algún veterinario para poder cuidar a la cría de tiburón ballena. Cuando el veterinario dijo que necesitaba que alguien lo cuidara me alegré mucho y me ofrecí para cuidarla y que viviera feliz. Le di una vida mejor con tratamientos y buena comida y al cabo de unos años decidí llevarla con su madre. Consulté en Internet para ver si averiguaba donde vivían los tiburones ballena. Después de asegurarme que vivían ahí,  me fui con ella hacia el océano Atlántico. Yo iba encima de su espalda, agarrado a una de sus aletas dorsales, era impresionante porque sentía la brisa que me venía de frente. Al final encontramos a su familia y el tiburón ballena se puso muy contento, le di un fuerte abrazo  y le dije que alguna vez nos volveríamos a ver.

 

 

EL FUTBOLISTA

Había una vez un chico que se llamaba Juan. Un día sus padres le apuntaron a fútbol sala. Al día siguiente sus amigos de fútbol se reían de él porque no metía ningún gol. Un día comiendo se le cayó un diente. Cuando se fue a la cama se durmió y vino el Ratoncito Pérez y le dejó unas zapatillas muy, muy chulas. A la tarde se puso las zapatillas y metió muchos goles.

EL PATO LUCAS

Había una vez un pato que se llamaba Lucas y vivía en una casíta de madera. Era muy desgraciado. Cuando cogía el tenedor lo usaba de cuchillo y el cuchillo de tenedor. Un día dijo:
– Tendré que hacer todo bien, pero ¿cómo? – se preguntó.
De repente apareció un hada y le dijo:
– ¿Qué te pasa ?
– Hago todo al revés.
– Te daré unos polvos mágicos y te curarás.

Y así fue. Se curó. Vivió feliz y comió perdiz.

EL ARREPENTIMIENTO DE CROQUI

En una casita de los Alpes vivía una familia numerosa. Su jardín trasero lo habían convertido en una granjita donde vivía un cerdito cuyo apodo era Croqui. Croqui era muy flaco pues sólo  comía un poco de carne al día.
Al amanecer de un martes de febrero decidió escapar porque su dueño no le dejaba salir de casa. Croqui se metió en un bosque muy frondoso. Cuando lo atravesó encontró una granja al aire libre y vio a un granjero acariciando a su caballo. En la siguiente granja que encontró vio a un amigo de la mili jugando con su dueño. En ese momento, Croqui no aguantó más, se arrepintió y volvió a casa rápidamente para pedirle perdón a su dueño por haberse escapado. Su dueño le perdonó pues no sabía lo que decía. Croqui le agradeció a su dueño haberle perdonado y jamás volvió a escapar.